Juan Barberis y Asociados S.R.L.

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EL NEGOCIO DE LA CRÍA VACUNA

JUAN BARBERIS

Se evalúa la evolución de los precios relativos entre distintas categorías de hacienda, en un contexto de precios altos en dólares y rodeos diezmados.

Para un análisis del negocio de la cría vacuna y sus altos precios es oportuno revisar algunos antecedentes.

La actividad agropecuaria extensiva en estas últimas dos décadas se ha ido modificando y reduciendo en general a sólo dos rubros: la agricultura y la cría. Los campos de invernada debido a los avances tecnológicos y a los mejores precios agrícolas se fueron volcando a la producción de cereales y oleaginosas. Las áreas dedicadas a los alfalfares y festucas fueron desplazadas por la soja. Los potreros que dividían a los campos en grillas cuadriculadas fueron eliminados por ineficientes; se reemplazaron por alambrados eléctricos dividiendo al predio en distintos “ambientes”  productivos. La necesidad de ser competitivo y rentable llevó al productor a aprovechar mejor la tierra.

La invernada, la tercera pata de la producción extensiva, se modificó sustancialmente reubicándose en dos nuevos ambientes: a) el encierre a corral (feedlot) y 2) el engorde en áreas robadas a la cría.

El feedlot es la salida que el mercado impuso con más claridad por ciertos motivos: el engorde a corral ha permitido liberar hectáreas para uso agrícola, la eficiencia en el uso de recursos forrajeros y la preferencia de los consumidores por carne producida con grano. La suma de estos factores potenciaron el sistema a corral y hoy es bastante difícil conseguir carne “buena” al paladar actual producida exclusivamente a pasto.

La cría quedó circunscripta a potreros de exclusiva aptitud ganadera. En estas áreas esa actividad fue siempre de muy baja rentabilidad, cuando no neutra o a pérdida en muchas épocas.

La política ganadera imperante entre 2006 y 2009 derivó en una liquidación sin precedentes, que, sumada a una sequía importante, condujeron a la ganadería a la situación actual, de escasez de cabezas y aumento de precios a niveles nunca vistos en dólares. Con respecto al precio promedio de los últimos quince años, el precio del novillo aumentó 151% (en dólares), el ternero 194% y la vaquillona preñada 221%.

El rebote de los precios, luego de la fase de liquidación, era solo cuestión de tiempo. Pero más importante que los precios absolutos, es oportuno evaluar cómo se han movido los precios relativos entre distintas categorías de hacienda.

Los precios relativos

El valor de la vaquillona preñada puede compararse con el precio del novillo o con la ternera hembra, en tanto que éstas pueden medirse en términos de novillos.

Actualmente se requieren 40% más de kilos de novillo para comprar una vaquillona preñada, lo cual es típico de las fases de recomposición de existencias del ciclo ganadero. Aunque que hay que señalar que esta relación es el máximo histórico para los meses de septiembre.

La vaquillona preñada también se ha encarecido en términos de ternera hembra (+10%).

La ternera hembra, medida en kilos de novillo, cuesta 22% más que en el promedio del período 2001/10. La ternera es demandada no solo como futuro vientre sino también para engorde a corral.

La recomposición del rodeo puede hacerse ya sea con vaquillonas preñadas, o terneras para recriar y luego entorar. No es válido el argumento de que las vaquillonas preñadas son más interesantes económicamente, porque producen terneros enseguida, porque la inversión en terneras es sensiblemente menor.

Muchos productores ven sus campos recompuestos después de la sequía última, bastante extensa en algunas zonas, y junto a la recuperación de precios, se sienten estimulados a aumentar su stock. Una ganadería de baja carga genera quebrantos.

La recomposición de existencias es un desafío productivo, independientemente de los precios que en dólares son altos. Se invierte en vientres, ya sea terneras, vaquillonas o vacas, puesto que la hacienda es un bien de resguardo frente a cualquier crisis que pueda sobrevenir.

Para el ganadero la recomposición se realiza al ritmo que permite su situación financiera, sin que el riesgo de un reacomodamiento bajista de los precios en dólares frene las decisiones de volver a poblar los campos.

En los establecimientos con producción diversificada (agricultura, cría, engorde), es poco probable que se financie la compra de vientres con soja, en vista que los mismos (medidos en tn de soja) cuestan el doble que el promedio histórico, y hasta el triple (en toneladas de trigo).

El alza de precios en dólares ha sido de tal magnitud, que compensó a quienes (con esfuerzo) han mantenido su rodeos luego de muchos años de quebrantos o resultados nulos. Pero los altos precios en dólares son un freno a la entrada al negocio ganadero por parte de inversores extrasectoriales.

Para quienes están comprometidos con la ganadería, los precios altos pueden constituir una tentación para “tomar ganancias”. Un freno muy importante a la retirada es la gran inversión que hicieron muchísimos criadores de hacienda en genética, sea por selección dentro de los rodeos propios, por incorporación de toros o semen de buena calidad, sea por sanidad, o por selección de fertilidad y aptitud maternas, para enumerar algunas de las variables; al correr de los años ha resultado de una magnitud tan considerable que es muy difícil de cuantificar y de reponer en caso de abandonar el negocio.

Los altos precios de terneras, vaquillonas y vacas preñadas se deben a la presión de los criadores habituales que están recomponiendo rodeos reducidos y avejentados para volver a tener una escala viable. Para muchos, frente al riesgo de perder capital en dólares en el futuro, se apuesta a no perder en lo inmediato por baja producción.

 

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